LECTURA DE HOY:

24 de septiembre

Isaías 1-3
Rebelión del pueblo de Dios

1:1 Visión que tuvo[a] Isaías, hijo de Amoz, con relación a Judá y Jerusalén, en los días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.

2 Oigan, cielos, y escucha, tierra,
Porque el Señor habla:
«Hijos crié y los hice crecer,
Pero ellos se han rebelado contra Mí.
El buey conoce a su dueño
Y el asno el pesebre de su amo;
Pero Israel no conoce,
Mi pueblo no tiene entendimiento».

4 ¡Ay, nación pecadora,
Pueblo cargado de iniquidad,
Generación[b] de malvados,
Hijos corrompidos!
Han abandonado al Señor,
Han despreciado al Santo de Israel,
Se han apartado de Él[c].

5 ¿Dónde más serán castigados?
¿Continuarán en rebelión?
Toda cabeza está enferma,
Y todo corazón desfallecido.
6 Desde la planta del pie hasta la cabeza
No hay nada sano en él,
Sino golpes, verdugones y heridas recientes;
No han sido curadas[d], ni vendadas,
Ni suavizadas con aceite.

7 La tierra de ustedes está desolada,
Sus ciudades quemadas por el fuego,
Su suelo lo devoran los extraños delante de ustedes,
Y es una desolación, como destruida por extraños.
La hija de Sión ha quedado como cobertizo en una viña,
Como choza en un pepinar, como ciudad sitiada.
Si el Señor de los ejércitos
No nos hubiera dejado algunos sobrevivientes,
Seríamos como Sodoma,
Y semejantes a Gomorra.

10 Oigan la palabra del Señor,
Gobernantes de Sodoma.
Escuchen la instrucción de nuestro Dios,
Pueblo de Gomorra:
11 «¿Qué es para Mí la abundancia de sus sacrificios?»,
Dice el Señor.
«Cansado estoy de holocaustos de carneros,
Y de sebo de ganado cebado;
La sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me complace.
12 Cuando vienen a presentarse delante de Mí,
¿Quién demanda esto de ustedes[e], de que pisoteen[f] Mis atrios?
13 No traigan más sus vanas ofrendas,
El incienso me es abominación.
Luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas:
¡No tolero iniquidad y asamblea solemne!
14 Sus lunas nuevas y sus fiestas señaladas las aborrece Mi alma.
Se han vuelto una carga para Mí,
Estoy cansado de soportarlas.
15 Cuando extiendan sus manos[g],
Esconderé Mis ojos de ustedes.
Sí, aunque multipliquen las oraciones,
No escucharé.
Sus manos[h] están llenas de sangre.

16 »Lávense, límpiense,
Quiten la maldad de sus obras de delante de Mis ojos.
Cesen de hacer el mal.
17 Aprendan a hacer el bien,
Busquen la justicia,
Reprendan al opresor,
Defiendan[i] al huérfano,
Aboguen por la viuda.

18 »Vengan ahora, y razonemos»,
Dice el Señor,
«Aunque sus pecados sean como la grana,
Como la nieve serán emblanquecidos.
Aunque sean rojos como el carmesí,
Como blanca lana quedarán.
19 Si ustedes quieren y obedecen,
Comerán lo mejor de la tierra.
20 Pero si rehúsan y se rebelan,
Por la espada serán devorados».
Ciertamente, la boca del Señor ha hablado.

21 ¡Cómo se ha convertido en ramera la ciudad fiel,
La que estaba llena de justicia!
Moraba en ella la rectitud,
Pero ahora, asesinos.
22 Tu plata se ha vuelto escoria,
Tu vino está mezclado con agua.
23 Tus gobernantes son rebeldes
Y compañeros de ladrones;
Cada uno ama el soborno
Y corre tras las dádivas.
No defienden[j] al huérfano,
Ni llega a ellos la causa de la viuda.

Juicio y redención de Jerusalén

24 Por tanto, declara el Señor, Dios[k] de los ejércitos,
El Poderoso de Israel:
«¡Ah!, me libraré de Mis adversarios,
Y me vengaré de Mis enemigos.
25 También volveré Mi mano contra ti,
Te limpiaré de tu escoria como con lejía,
Y quitaré toda tu impureza[l].
26 Entonces restauraré tus jueces como al principio,
Y tus consejeros como al comienzo.
Después de lo cual serás llamada Ciudad de Justicia,
Ciudad Fiel».

27 Sión será redimida con juicio,
Y sus arrepentidos con justicia.
28 Pero los transgresores y los pecadores serán aplastados[m] a una,
Y los que abandonan al Señor perecerán.
29 Ciertamente ustedes se avergonzarán[n] de las encinas[o] que han deseado,
Y se avergonzarán de los jardines que han escogido.
30 Porque ustedes serán como encina[p] cuya hoja está marchita,
Y como jardín en que no hay agua.
31 El fuerte se convertirá en estopa,
Y su trabajo en chispa.
Arderán ambos a una,
Y no habrá quien los apague.

Reinado universal de Dios y Su juicio

2:1 Lo que [q] vio Isaías, hijo de Amoz, con relación a Judá y Jerusalén.

2 Acontecerá en los postreros días,
Que el monte de la casa del Señor
Será establecido como[r] cabeza de los montes.
Se alzará sobre los collados,
Y confluirán a él todas las naciones.
3 Vendrán muchos pueblos, y dirán:
«Vengan, subamos al monte del Señor,
A la casa del Dios de Jacob,
Para que nos enseñe acerca de Sus caminos,
Y andemos en Sus sendas».
Porque de Sión saldrá la ley[s],
Y de Jerusalén la palabra del Señor.
4 Él juzgará entre las naciones,
Y hará decisiones por[t] muchos pueblos.
Forjarán sus espadas en rejas de arado,
Y sus lanzas en podaderas.
No alzará espada nación contra nación,
Ni se adiestrarán más para la guerra.

5 Casa de Jacob, vengan y caminemos a la luz del Señor.
6 Ciertamente has abandonado a Tu pueblo, la casa de Jacob,
Porque están llenos de costumbres del oriente,
Son adivinos como los filisteos,
Y hacen tratos[u] con hijos de extranjeros.
7 Se ha llenado su tierra de plata y de oro,
Y no tienen fin sus tesoros.
Su tierra se ha llenado de caballos,
Y no tienen fin sus carros.
8 También su tierra se ha llenado de ídolos.
Adoran la obra de sus manos,
Lo que han hecho sus dedos.
Ha sido humillado el hombre común,
Y ha sido abatido el hombre de importancia;
Pero no los perdones.
10 Métete en la roca, y escóndete en el polvo
Del terror del Señor y del esplendor de Su majestad.
11 La mirada altiva[v] del hombre será abatida,
Y humillada la soberbia de los hombres.
Solo el Señor será exaltado en aquel día.

12 Porque el día del Señor de los ejércitos vendrá
Contra todo el que es soberbio y orgulloso,
Contra todo el que se ha ensalzado,
Y serán abatidos.
13 esto será contra todos los cedros del Líbano
Altos y erguidos,
Contra todas las encinas de Basán,
14 Contra todos los montes encumbrados,
Contra todos los collados elevados,
15 Contra toda torre alta,
Contra toda muralla fortificada,
16 Contra todas las naves de Tarsis
Y contra toda obra de arte preciada.
17 Será humillado el orgullo del hombre
Y abatido el orgullo de los hombres.
Solo el Señor será exaltado en aquel día,
18 Y los ídolos desaparecerán por completo.
19 Los hombres se meterán en las cuevas de las rocas
Y en las hendiduras de la tierra[w],
Ante el terror del Señor
ante el esplendor de Su majestad,
Cuando Él se levante para hacer temblar la tierra.
20 Aquel día el hombre arrojará a los topos y a los murciélagos,
Sus ídolos de plata y sus ídolos de oro
Que se había hecho para adorarlos.
21 Y se meterá[x] en las cavernas de las rocas y en las hendiduras de las peñas,
Ante el terror del Señor y ante el esplendor de Su majestad,
Cuando Él se levante para hacer temblar la tierra.
22 Dejen de considerar al[y] hombre, cuyo soplo de vida está en su nariz.
Pues ¿en qué ha de ser él estimado?

Juicio contra Jerusalén y Judá

3:1 Porque el Señor, Dios[z] de los ejércitos, quitará de Jerusalén y de Judá
El sustento y el apoyo: todo sustento de pan
Y todo sustento de agua;
2 Al poderoso y al guerrero,
Al juez y al profeta,
Al adivino y al anciano,
3 Al capitán de cincuenta y al hombre respetable,
Al consejero, al diestro artífice y al hábil encantador.
4 Les daré muchachos por príncipes,
Y niños caprichosos gobernarán[aa] sobre ellos.
Y el pueblo será oprimido,
El uno por el otro y cada cual por su prójimo.
El joven se alzará contra el anciano,
Y el indigno contra el honorable.
6 Cuando un hombre eche mano a su hermano en la casa de su padre, le dirá:
«Tú tienes manto, serás nuestro jefe,
Y estas ruinas estarán bajo tu mando[ab]»,
7 Ese día el otro se indignará[ac], diciendo:
«No seré el sanador[ad] de ustedes,
Porque en mi casa no hay ni pan ni manto;
No deben nombrarme jefe del pueblo».
8 Pues Jerusalén ha tropezado y Judá ha caído,
Porque su lengua y sus obras están contra el Señor,
Rebelándose contra Su gloriosa presencia[ae].
9 La expresión de sus rostros[af] testifica contra ellos,
Y como Sodoma publican su pecado.
No lo encubren.
¡Ay de ellos[ag]!,
Porque han traído mal sobre sí mismos.
10 Digan a los justos que les irá bien,
Porque el fruto de sus obras comerán.
11 ¡Ay del impío! Le irá mal,
Porque lo que él merece[ah] se le hará.
12 ¡Oh pueblo Mío! Sus opresores son muchachos[ai],
Y mujeres lo dominan.
Pueblo Mío, los que te guían te hacen desviar
Y confunden el curso de tus sendas.

13 El Señor se levanta para luchar,
Está en pie para juzgar a los pueblos.
14 El Señor entra en juicio con los líderes[aj] de Su pueblo y con Sus príncipes:
«Pues ustedes han devorado la viña,
El despojo del pobre está en sus casas.
15 ¿Qué piensan al aplastar a Mi pueblo
Y al moler la cara de los pobres?»,
Declara el Señor, Dios[ak] de los ejércitos.

16 Además, dijo el Señor:
«Por cuanto las hijas de Sión son orgullosas
Y caminan con el cuello erguido, y con ojos seductores,
Dan pasitos cortos
Para hacer tintinear los adornos en sus pies,
17 Entonces el Señor herirá con tiña los cráneos de las hijas de Sión,
Y el Señor desnudará sus frentes».
18 En aquel día el Señor les quitará los adornos: las ajorcas, los tocados y lunetas,
19 Los pendientes, brazaletes y velos,
20 Las redecillas, cadenillas de los pies, cintas, los frascos de perfume y amuletos,
21 Los anillos[al] y aretes de nariz,
22 Las ropas de gala, túnicas, mantos y bolsas,
23 Los espejos, ropa interior, turbantes y velos.
24 Y sucederá que en vez de perfume aromático[am] habrá podredumbre.
En vez de cinturón, cuerda;
En vez de peinado artificioso, calvicie;
En vez de ropa fina, ceñidor de cilicio;
Cicatriz[an] en vez de hermosura.
25 Tus hombres caerán a espada,
Y tus poderosos[ao] en batalla.
26 Las puertas[ap] de la ciudad se lamentarán y estarán de luto;
Y ella, desolada, se sentará en tierra.

Gálatas 2
Los apóstoles respaldan a Pablo

2:1 Entonces, después de catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito. Subí por causa de una revelación y les presenté el evangelio que predico entre los gentiles, pero lo hice en privado a los que tenían alta reputación, para asegurarme de que no corría ni[a] había corrido en vano. 3 Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, fue obligado a circuncidarse, aunque era griego.

4 esto fue por causa de los falsos hermanos introducidos secretamente, que se habían infiltrado para espiar la[b] libertad que tenemos en Cristo Jesús, a fin de someternos a esclavitud, 5 a los cuales ni por un momento[c] cedimos, para no someternos, a fin de que la verdad del evangelio permanezca con ustedes.

6 Y de aquellos que tenían reputación de ser algo (lo que eran, nada me importa; Dios no hace acepción de personas[d]); pues bien, los que tenían reputación, nada me enseñaron. 7 Sino al contrario, vieron que se me había encomendado el evangelio a los de la incircuncisión, así como Pedro lo había sido a los de la circuncisión. (Porque Aquel que obró eficazmente para con Pedro en su apostolado a los de la circuncisión, también obró eficazmente para conmigo en mi apostolado a los gentiles). 9 Al reconocer la gracia que se me había dado, Jacobo[e], Pedro[f] y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra[g] de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión. 10 Solo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo mismo que yo estaba también deseoso de hacer.

Judíos y gentiles justificados por la fe

11 Pero cuando Pedro[h] vino a Antioquía, me opuse a él cara a cara, porque él era digno de ser censurado[i]. 12 Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo[j], él comía con los gentiles, pero cuando aquellos vinieron, Pedro empezó a retraerse y apartarse, porque temía[k] a los de la circuncisión. 13 Y el resto de los judíos se le unió en su hipocresía, de tal manera que aun Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos. 14 Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del evangelio, dije a Pedro[l] delante de todos: «Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?

15 »Nosotros somos judíos de nacimiento[m] y no pecadores de entre los gentiles. 16 Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley. Puesto que por las obras de la ley nadie[n] será justificado.

17 »Pero si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros hemos sido hallados pecadores, ¿es Cristo, entonces, ministro de pecado? ¡De ningún modo! 18 Porque si yo reedifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor. 19 Pues mediante la ley yo morí a la ley, a fin de vivir para Dios.

20 »Con Cristo he sido crucificado[o], y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que[p] ahora vivo en la carne, la[q] vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano[r]».